viernes, junio 24, 2011

Revolviendo el pasado…

Cada tanto tiempo escribo algo de autobiografía en este blog. En este caso en particular la motivación principal ha sido un intercambio muy intenso de recuerdos entre mis hermanos y yo en Facebook. Fotos, recuerdos y anécdotas comenzaron a revolver mi cerebro en busca del pasado. Un pasado que estaba muy escondido en mis recuerdos para los cuales hasta tuve que consultar a amigos y a mi esposa fechas y datos. Esta vez escribo simplemente para no olvidar… Y si tengo la fortuna que los que me quieren me leen, tal vez descubran un poco más por qué soy quien soy y como soy.

Esto no es una receta de cocina, sólo es un relato histórico de una parte crucial de mi vida. Hay decisiones que no afectan en nada el futuro, pero hay otras que simplemente crean un nuevo curso a un nuevo destino.
El destino no es uno solo ni está escrito, uno simplemente selecciona de un abanico de posibles destinos al tomar las decisiones cruciales de la vida. Es tal vez como una partida de ajedrez entre profesionales, cada jugada cambia el destino del juego.

En algún momento entre los años 80 y 81 pasaron tantas cosas que simplemente decidí hacer borrón y cuenta nueva. Descubrí que no quería ser gran empresario ni director de holdings empresariales. Me di cuenta que a pesar de tener una gran habilidad para las ventas, coordinación de negocios y visión financiera, mi reprimida energía creativa estaba reventando mis nervios. Un joven de 29 años con taquicardias, ansiedad, serios trastornos estomacales, depresiones pero empresario, gerente, codeándose con políticos nacionales e internacionales.

Recibí la oferta de un “head hunter” para arrancar como gerente de una nueva empresa de seguridad mercantil en formación. La idea de tener un empleo a buen sueldo sin mas ninguna otra súper responsabilidad me motivó a vender toda mi participación y a dejar atrás esa vida de gran empresario y director de una multinacional suramericana*. Después de muchos trámites legales y negociaciones para poder garantizar de alguna forma el patrimonio familiar (lo poco que quedaba) comencé en la nueva empresa, solo, ni siquiera una secretaria! En ese momento yo todavía no había descubierto que mi problema era simplemente una lucha interna entre mi “yo creativo y técnico” y mi “yo gerencial y empresario”. 

El destino hizo su parte…

No había pasado ni un mes cuando la persona que me contrató y me ofreció villas y castillos me llamaba para decir que lamentablemente no pudo llegar a un acuerdo con la empresa en USA sobre el tema de la licencia de “know-how” por lo que debía abortar los planes de creación de la empresa, en resumen, quedé desempleado!

El haber quedado en la calle de un momento a otro sin casi recursos (pues en la salida del gran negocio finiquité la mayoría de las deudas heredadas y las mías propias) siendo responsable de una familia pues estaba casado y con una hija de un año de edad, produjo un conmoción que me hizo olvidar muchos detalles de ese tiempo.

Durante mi tiempo de “empresario” tenia varios clientes que se dedicaban a dar cursos. Cursos de todo los tipos: gerencia, actualización de leyes, ventas, panadería. Cobraban una buena cantidad de dinero por participante a muy baja inversión y los instructores eran pagados a una tasa horaria. Era un tremendo negocio, bastaba tener local un retroproyector, la posibilidad de ofrecer unos refrigerios y poder entregar un lindo diploma. Las empresas estaban encantadas de mandar a sus empleados y pagar por los cursos porque así podían descontar el pago de su aporte obligatoria al INCE (Instituto de Cooperación Educativa)
Varias veces, alguna de esas empresas me contrató como instructor para los cursos de lo que en ese momento era la novedad: “Automatización de oficinas”. Antes de las pc y los computadores existían unos artefactos llamados “procesadores de palabra”, cada uno costaba como entre $8.000 y $14.000. Yo (decían) era un experto en esos temas.


El Hecho es que ese artefacto  estaba fabricado en base a la novedosa tecnología del Microprocesador 8080 recién salido al mercado en 1974 y solo a finales de los 70 comenzaron a salir equipos basados en la tecnología. El intimo contacto con esos equipos me obligó a ponerme al día con toda una cantidad de cosas que en la universidad me las enseñaron como “tal vez”.
La única manera para realmente aprender y dominar esa tecnología era trabajar directamente con ella como dicen en inglés “hands on”, para lo que me compré un kit de desarrollo y aprendizaje y toda la literatura.

Con mucho esfuerzo y poco tiempo disponible me dedique a estudiar y a practicar con el MDD1 8080. Era la única forma de compensar mi deseo de saber y mantenerme al día en los conocimientos técnicos. El MDD1 y luego el SDK 8085 eran mi escondite a la depresión y a la insatisfacción en los tiempos del “Yo Empresario”.

c_E&L-MMD1
Cuando me quedé en la calle y después de asimilar la situación, pensando en el dinero que había en los cursos, mi habilidad de vendedor, y mi domino técnico de la materia junto con las experiencias previas como instructor. Se me ocurrió que tal vez sería buena idea dictar cursos de actualización de electrónica digital para técnicos e ingenieros. Así nació Digicentro! Tenía buenas relaciones con los bancos y logré un préstamo.

Un local alquilado en un sótano del para aquel entonces “lujoso y moderno” Parque Central en Caracas, compartiéndolo en la parte alta con un sastre de alta costura masculina, 12 mesas, sillas, retroproyector y pizarrón y una neverita y cafetera para los refrigerios. Compre 6 “Protoboards” con fuente. Cajas con gavetas para los circuitos integrados y componentes electrónicos, una en cada mesa. Una pequeña máquina “offset” para imprimir las guías y por supuesto un procesador de palabras (en realidad una máquina de escribir electrónica). También compre 6 MDD1.

Ensamblé dos cursos, uno de electrónica digital básica y uno de microprocesadores. Los cursos eran de 40 horas el básico y 60 horas el avanzado. Los dictaba de 6 a 10 de la noche los días de semana y de 9 de la mañana a 4 de la tarde los sábados.

Desde el primer curso  la idea se convirtió en todo un éxito, pero yo estaba seguro que mas temprano que tarde el mercado se agotaría, y yo también. Durante el día no tenia nada que hacer, sólo en los días previos a la apertura de próximo curso estaba ocupado en atender el teléfono y las inscripciones. En las noches no me podía dar el lujo de enfermarme pues yo era el único instructor.

Los cursos resultaron ser rentables y una fuente de ingresos interesante, pero el trabajo en las noches, llegar cansado a la casa, estaban haciéndole mucho mas daño a mi vida personal de lo que imaginaba. Aparecieron los celos y la desconfianza, las bases de mi matrimonio se estaban debilitando y lo peor de todo: mi depresión y ansiedad estaban cada vez peor. Digicentro fue el comienzo del fin de mi primer matrimonio que se acabó 4 años después. Pero también fue el comienzo de mi nueva vida, mi nuevo yo!
Una conocida empresa fabricante de ascensores envió unos técnicos para el curso básico. Uno de ellos me contó que estaban llegando a Venezuela unos ascensores controlados digitalmente. Eran controles con lógica discreta de compuertas que simplemente sustituían las funciones de los relés electromecánicos. Para ese entonces yo solo tenia idea general de los mismos y había visto algunos ejemplos en los libros sobre  la aplicación de la tecnología de los circuitos integrados digítalas para el control de máquinas y ascensores.
En ese momento sonó una campanita y se iluminó mi imaginación!:  ¿por qué no hacerlo con microprocesadores?…

Mis alumnos fueron espléndidos: me trajeron planos de los tableros de control electromecánicos clásicos de ascensores de distintas marcas, me invitaron a ver salas de máquina, fosas y cabinas de ascensores en varios edificios de la ciudad. Por mi parte me fui a las librerías técnicas a ver que literatura comprar. En ese entonces no había internet, ni Google ni Wikipedia…

Durante tres meses ya tenía que hacer en el día: Diseñar y fabricar un control de ascensores con microprocesador. ¿pero como probarlo? necesitaba un ascensor o algo que funcionara como un ascensor. En mis tiempos de niño y adolescente no existía Lego ni Lego Technic, existía el Meccano.


Eran piezas metálicas de gran precisión con poleas, engranajes, tuercas, tornillos, se podía fabricar casi cualquier cosa. Fabrique un modelo de ascensor de 5 pisos, cabina, guías, puertas de cabina y piso con motores, poleas, señalización y todo sin excepción de lo que lleva un ascensor. Mis alumnos me consiguieron botoneras reales y hasta una alarma. El modelo tenía dos metros de altura y era una réplica exacta a un ascensor hecho de pedazos de metal perforado. Lamentablemente nunca tomé una fotografía del artefacto.

En esos tiempos no había compiladores ni herramientas  de programación de alto nivel para los micros, mejor dicho, los había pero solo las grandes empresas que fabricaban equipos electrónicos los tenían. El código había que escribirlo a mano y convertirlo a números en base octal para luego teclearlos en el MDD1. El circuito lo armé en protoboard con cientos de cablecitos telefónicos, parecía una tela de araña.

Durante esos tres meses de pura creación y trabajo intelectual no hubo depresión, arritmias, trastornes estomacales y parecía que también mi vida personal se estaba componiendo. El “yo creativo” estaba en su pleno apogeo y a sus anchas. nada ni nadie lo pararía, al menos eso era lo que parecía estar pasando.

Al final todo funcionó a la perfección. Pasaba horas viendo subir y bajar a mi modelo, produciéndole fallas para ver como se comportaba, todo lo que hay que hacer para probar un modelo.

Ya para ese tiempo, uno de mis ex alumnos de la empresa de ascensores me fue a visitar y vio el modelo funcionando. LLamó al dueño de la empresa donde trabajaba y arregló una visita del gran señor a mi escuelita.

Muy pocas veces en mi vida recuerdo haber visto a alguien a quien literalmente se la caiga la mandíbula y comience a babear de la sorpresa… El señor me dijo: “si eso funciona allí debe funcionar en uno de verdad!”
A las tres semanas ya había preparado todo y estaba instalando mi diseño en en un ascensor de verdad, al mes ya se tenía el primer prototipo industrial. Digicentro se acabó, la escuela cerró. Yo conseguí un nuevo y verdaderamente retador trabajo, en el cual encontré también a mi nueva esposa y donde se forjó mi familia de hoy en día.

Eso duró hasta 1989 donde de nuevo otro decisión volvió a cambiar mi vida y mi destino, pero eso será para otro momento cuando las musas tengan motivos de alborotarme…

Hay un dicho en el mundo de los ascensores: “El que entra a este ramo mas nunca lo abandona” y es una realidad, 20 años después en mi pequeña empresa en Venezuela, fabricamos controles para ascensores, pero mientras ya hoy en día todo el mundo los hace con microprocesador dedicado, Carlos va nuevamente contra la corriente: ahora utiliza Controladores Lógicos Programables de tecnología abierta y bajo costa para hacer cosas que hasta ahora nadie se imaginaba con un tablero de ascensor. Con sus altas y bajas y a pesar el gran desastre moral, social, económico y político del país, el proyecto va por muy buen camino y son varios los que tienen su sustento diario por el.

La moraleja de este cuento es que si uno hace las cosas que a uno le gusta y las hace bien, no hay que temer al futuro.

Mi proyecto de vida: “Seguir Viviendo y Amando”

* Del como llegué a ser empresario y director accionista de un holding eso otra historia de vida pendiente de contar.

4 comentarios:

Alvaro Rivas Rodriguez dijo...

Excelente articulo. Final insuperable. Espero, aunque sea un atrevimiento pedirlo que te recuerdes y nos recuerdes de tu etapas en los 60 y 70. Hay existen recuerdos, por supuesto no los mas íntimos, que nos permitirán volver a "nuestros" recuerdos y añoranzas. Es una deuda contigo y con todos los que compartimos esos momentos en una u otra forma . Saludos

Nowymusic dijo...

Saludos, primero llegue a tu blog por las recetas, me comenzaron a gustar también las fotografías que publicas de las ciudades europeas donde estas, ahora estos artículos son geniales, y me llega en un momento en que busco un cambio en mi vida, ha sido mas que oportuno, gracias!

Anónimo dijo...

Niño Chef: Que buenisima historia... me encantó... Que nota.. recuerdo que una vez nos recomendabas (a tus lectores) que debíamos leer las instrucciones de los electrodomésticos para entender su correcto funcionamiento... (yo no lo hago, me da flojera) pero entiendo que es importante y nos evitaría uno que otro sinsabor por ignorar como trabaja realmente el equipo en cuestión.... que te puedo decir: quizás que eres "el hombre de la electrónica sistemática y analítica"
Besos y
Saludos
EBE

mirth leal dijo...

Hola, Felicidades, senor, de verdad
felicidades que he quedado con la boca abierta, su historia, sus recetas
y todo lo que dice, entendi,
que debemos de seguir los latidos de nuestro corazon al decidir con valor,
a pesar de todo, lo que nos gusta
hacer.

felicidades nuevamente desde exico.

Solo una pregunta? y sus ninos como se encuentran? esperando que bien slaudos